• S.Ch.

Las habitaciones de mi alma: La Habitación del Perdón

Si mi cuerpo fuera un templo y pudiera construir las murallas y los techos, habría muchas habitaciones en mi alma y mi corazón sería una gran casa :


La casa sería luminosa, algunas plantas y muy pocos objetos. Espaciosa. Luminosa. Grandes ventanales, mucho aire, colores claros. Madera, piedra, luz, un paraguas cerca de la puerta, tres pequeños escalones en la entrada.


La primera es, sin dudar, la habitación del perdón. No cabe dudas que la habitación del perdón es la primera. La habitación del perdón es la primera, sin lugar a dudas.


Está en el primer piso. Al final de las escaleras, la puerta de la primera habitación se abre hacia el interior, invitando al invitado a entrar con ella. Es blanca, el picaportes dorado. No hace ruido, es silenciosa. Tres muros blancos. El cuarto muro no está ; se trata de una gran vitrina con vistas a los jardines desde el primer piso.


En medio de la sala hay una mesa : no es ni muy grande ni muy pequeña. Hay dos sillas : no son muy cómodas ni tampoco incómodas. Dos sillas.


El muro de la derecha es completamente blanco, vacío, blanco.


El muro en frente de la vitrina es completamente desnudo, blanco, desnudo.


Del muro de la izquierda sale un pequeño canal de agua, un camino de piedras y musgo acompaña el fluir de agua hasta la vitrina. El agua fluye hacia el exterior y cae desde el primer piso.


Del agua sale una sutil melodía lenta, al ritmo del fluir del agua. Es el único sonido de la habitación. Es silenciosa.


Las sillas hacen ruido cuando el invitado y yo misma las movemos : los pies de madera clara contra el suelo de madera oscura. Los asientos son blancos.


La mesa es de cristal. La mesa es transparente. Se puede ver las piernas debajo de la mesa. Las manos cruzadas o extendidas sobre la mesa. Las piernas cruzadas o extendidas debajo de la mesa.


Yo invitaría a mi invitado a entrar en la habitación con la puerta que se abre hacia el interior. Con un gesto de la mano lo invitaria a tomar asiento a la derecha, yo me dirigiría hacia la izquierda. Yo daría la espalda al agua que fluye. Mi invitado sería frente al agua que fluye detrás de mi espalda hasta la vitrina a nuestra izquierda. A nuestra derechos el muro es blanco, la puerta blanca cerrada no se distingue. No se vé más que el picaporte dorado.


Silencio. Yo miro a mi invitado de frente. Es el momento de hablar de perdón.


Yo te perdono, ¿ me perdonas tú ?

Ahora, ¿ querrías tu pedirme perdón?

Hablemos de perdón, perdonémonos, todo. Perdóname, todo. Yo te perdono, todo.

Profundamente, visceralmente, enteramente; el perdón. Sólo el perdón.

Bienvenido a la casa de mi alma.


Crédito foto: Evie S.

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