• S.Ch.

Las habitaciones de mi alma: La Habitación de la Adoración

Un ruido de pasos ligero. El eco que se pierde en el vacío. Los pies que resuenan a cada paso contra la madera oscura. Un andar ligero. La mente que desea deshacerse de las cargas, escaparse de todo peso. El alma que aspira siempre a una mayor ligereza del cuerpo, hasta alcanzarla al fin.


En la casa de mi alma me dirijo hacia la habitación de la adoración. Cargo mucho en el corazón, es tiempo de adorar y olvidarme de mí. De adorar para encontrarme.


La habitación es espaciosa, más larga que ancha. El techo es alto. Tres lámparas cuelgan del alto techo. Las dos paredes de los costados están llenas de ventanas. Hay por lo menos tres de cada lado. Se ve un paisaje verde ; hay grandes árboles frondosos todo alrededor. Una de las paredes es de madera sólida de un lado. Las tablas de madera están barnizadas, brillantes. La otra pared es de piedra del otro lado. Las piedras están separadas por cemento y son de diferentes tamaños, grisáceas, espaciadas las unas de las otras.


Se escucha el sonido de los pasos cuando camino lo largo de la habitación. Me paro en la mitad. Estoy de pie en el medio de la habitación de la adoración.


A través de las ventanas contemplo el verdor : todos esos árboles de todas las formas y géneros. Hay una gran variedad. Una letra comienza a formarse frente a mi vista. Desconozco esas palabras pero las dejo acercarse y acariciar mis labios. Mi lengua saborea un sonido nuevo. Mi corazón comienza a latir al son de ese ritmo misterioso. Mis pies pisan cada vez más fuerte la madera debajo de mi. La melodía nace en el interior, mi voz se eleva hacia los cielos, resuena en el interior hasta salir ; voy dibujando un cántico nuevo.



Ardor, música, libertad.

Movimiento, búsqueda, intimidad.

Danza, descubrimiento, creada.

Creada así para adorarte.

Hoy, tal como soy, como llegué hasta aquí.


Mis ojos cerrados, el cuello gira lentamente, las manos se elevan despacio. La piel caliente. Los pies se deslizan cada vez más rápido y mi cuerpo responde a ese llamado; comenzar a moverse, comenzar a bailar libremente :


Mis brazos tan pronto extendidos como doblados, como plegados. Mis manos expresivas, tocan, se deslizan, buscan, se abren, mis dedos se cierran. Exploran el aire, mis huesos, el suelo, tocan el cielo una vez más.


La música sube de volumen, mi garganta quema. En mis entrañas cánticos, letras, sentimientos, emociones, verdades profundas ritman los movimientos de mi columna vertebral.


Mis caderas me dirigen, mis hombros me dan órdenes, mis costillas se dirigen hacia la cima de las montañas. El reino aparece delante de mis ojos cegados. Las manos aplauden esporádicamente, fuerte, para marcar un cambio de dirección, para hacerme ir a otro lugar, para hacerme girar, bajar, saltar, mantener el equilibrio, perderlo, pararme, recomenzar. Crecer, explorar, vibrar, respirar.



Preciosas son las montañas que atravieso en mi danza. Maravillosas las luces que envuelven mis movimientos. De cada flexión asciende como perfume delicioso una súplica. De cada estiramientos asciende como agradable perfume una acción de gracias.


Qué placer se siente al cantar cánticos nuevos, retener cada palabra en mi boca antes de dejarla libre, de enviarla al infinito. Qué placer bailar para otro. Bailar delante del que me mira y me guarda. Bailar por y para él en su mano.


Que placer elevar el corazón hacia la cima de las montañas, hacia lo alto. Qué placer encontrarse en esa adoración hacia un corazón generoso, un ojo benévolo. Dar al que me da todo. Respirar fuerte, cantar fuerte, bailar fuerte delante del que me da el aliento, que me lleva más allá, que me deja libre para moverme, decidir, caerme y levantarme, continuar y recomenzar. En libertad.


Libre, bailo.

Libre, canto.

Libre, levanto mis manos, toco la eternidad con la punta de los dedos.

Que los ríos de tu bondad me lleven siempre a adorarte con todo mi corazón, alma y fuerzas, ¡eternamente!

Y abrir los ojos en mi danza para mirarte de frente, al fin.


Crédito fotos x4 (en orden) : David Hofmann, Chermiti Mohamed, Aditya Ali, Joel Valve
Crédito fotos x2 : Ahmad Odeh

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