• S.Ch.

Dos sombras

Mis à jour : juil. 7

Hay dos sombras que caminan.

Por momentos van de la mano, por momentos se dan la espalda la una a la otra.

Hay veces que se lanzan piedras. Amargadas, quieren hacerse daño.



Alrededor no hay nada más. El suelo está desértico, el cielo está vacío y las horas siguen girando en el mismo sentido: del día a la noche, de la noche al día siguiente.


Paso tras paso cada sombra se vuelve más delgada, como si caminara hacia su consumación total hasta definitivamente desaparecer por completo.


Yo las observo caminar, avanzar sin dirección, avanzar igualmente hacia un final cualquiera.


Cada sombra lleva un nombre atado al cuello. Y cada una carga una mochila sobre la espalda.




Yo alzo mi voz y les grito: ¿ quieren agua ?

Mi voz se pierde como el eco en el espacio.

Suspendida en el infinito, mi voz termina por deshacerse como esas sombras lo harán pronto.


Yo miro mis manos, ¿ qué voy a hacer por ellas ? Las dos sombras que se están resecando frente a mis ojos tienen mucho valor en mi corazón.

Mis huesos se estremecen al verlas sufrir; tristes, desesperanzadas, perdidas.




Miro mis manos, paro. Levanto los ojos : un gran pájaro sobrevuela los cielos. Tiene multitud de colores vivos y sus alas arden con un fuego azul anaranjado en cada una de sus plumas. Su sombra cubre por entero mi cuerpo y escucho su canto bello y melodioso. Yo le señalo con el dedo las sombras y el pájaro, echando un vistazo desde lo alto, desciende hacia mi. Se detiene delante de mi rostro lloroso. Inclina su cabeza con un gesto majestuoso y yo puedo ver de cerca el colorido espléndido de sus alas ardientes. Lentamente se acerca y apoyando su plumaje en mis mejillas quita los rastros de agua salada. Al mismo tiempo mi pecho se llena de una correntada de agua viva consoladora, apacible, vivificante. Él levanta vuelo mientras yo lo contemplo alejarse, mis manos llenas de una fuerza nueva.



Me vuelvo y veo todavía las dos sombras: ahora una está sentada en un lado, la otra por otro. Ya no se miran. Un sonido que nace en mi interior; una voz que, concebida, retumba en mis entrañas sube quemándome hasta los pulmones y sale como un rugido por mi boca.


De lejos se escucha, de cerca se escucha también. Yo me maravillo de escuchar un cántico saliendo de mis labios y llegando a los oídos de las dos sombras:


"Porque tu darás de beber a los sedientos

y tu darás de comer a los hambrientos;

porque tu sanarás a los malos del alma

y tu restaurarás los corazones desgarrados;

porque tu tomarás de la mano a los afligidos

y refrescaras los huesos resecos;

porque tu, oh Dios mío, atravieses los cielos,

miras a los hombres,

nos salvas de nuestros sombríos destinos, nos salvas de nuestra propia sombra".



Crédito fotos: JR Korpa 

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